La Gloria de Dios – Sesión 9: La Visión de Isaías (Parte 3)
l mensaje se centra en la visión descrita en Isaías capítulo seis, utilizándola para explicar la diferencia entre ser un simple llamado y convertirse en un escogido. El Pastor Martín Gómez señala que, aunque Isaías ya ejercía como profeta, es en este pasaje donde se expone a la gloria de Dios —definida como el peso de su presencia y autoridad—, lo que transforma de manera radical su relación con el Creador. A partir de este evento bíblico y citando parábolas del Evangelio, se profundiza en que «muchos son los llamados, pero pocos los escogidos», subrayando que Dios no envía a cumplir misiones a quienes solo están llamados, sino a aquellos que han sido procesados por su gloria e intimidad.
Asimismo, el Pastor Martín Gómez expone un contraste entre lo que define como «sensación de gloria» y el verdadero «peso de la gloria» en la vida del creyente. La mera sensación produce una fe liviana, emocional y sin un cambio real, mientras que sentir el peso divino genera un profundo temor reverente, una conciencia de pecado y una verdadera purificación. La gloria de Dios no deja a la persona en el mismo estado, sino que la moldea continuamente hacia la imagen de Cristo. Esto transforma la perspectiva humana y la adoración en una vivencia consciente y descriptiva de la majestad de Dios, guiando al individuo a reconocer su fragilidad antes de ser apartado para un propósito superior.
Finalmente, el Pastor Martín Gómez enfatiza las señales y la postura que caracterizan a la persona que reacciona a este llamado: una disponibilidad absoluta y genuina para obedecer.
Responder con la actitud de Isaías («Heme aquí, envíame a mí») exige reorganizar la vida propia alrededor de la voluntad de Dios, perseverar con resistencia ante las dificultades y entender que la misión recibida trasciende la búsqueda de resultados humanos. Se hace un llamado a la congregación a dar un paso decisivo, dejando atrás la pasividad de ser solo un convocado para asumir un compromiso perseverante en el que el propósito divino resulta ser más valioso y prioritario que la propia vida.